«Cuando llegues, acá estaré.
Sentado en la vieja mecedora al lado del árbol
que nos vio crecer. Si mi aspecto ha cambiado, te
ruego que no te asuste».
«Cuando llegues, acá estaré.
Sentado en la vieja mecedora al lado del árbol
que nos vio crecer. Si mi aspecto ha cambiado, te
ruego que no te asuste».
«Lo angosto
que es mi país
que no existe.
No existe
porque no existe
eso es todo
No existe como
no existe el miedo».
«somos el presagio de tormentas futuras
un código secreto que pare la vida a diario
somos una estructura disforme jugando a la belleza»
Como creadores, y sobre todo como lectores y admiradores de la poesía colombiana, apoyamos a Fátima Vélez Giraldo, porque la ausencia de una firma no puede contradecir la elección de los jurados, y esta no puede ser tomada como una recomendación.
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Me pregunto, ¿esta prevalencia de los formalismos no va contra el espíritu del concurso, cuya razón de ser debería ser el reconocimiento de una obra a través de la decisión de un jurado? ¿La burocracia y la minucia están por encima de la calidad del trabajo de los artistas, calidad que por otra parte es avaluada por unos jurados designados por la misma institución?
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«lúgubre y valiosa como la sal en los tiempos del oro
cuando ni el tiempo ni el oro
tenían ritmo que pudiera medirse
con rumores humanos»
«Luna de abajo,
en el fondo del pozo,
blanca entre los charcos de la bocamina;
inmóvil
en las aguas del río
que no puede llevarla
-a ella, tan ligera-
en su corriente».
«si sonríes es porque se ha abierto una ventana
yo he calzado tus pies descalzos con flores y desiertos
he cambiado el clima, entonces recoges tu pelo
descubres tu cuello y te sientas a la orilla del río»
En la palabra de Leira Araújo Nieto hay un ímpetu doloroso, y hay irreverencia, y un sabor de tierra y agua. Esta selección de poemas que compartimos comprueba la fuerza de esta genuina poeta guayaquileña.
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Un poemario que reúne diferentes voces pero que las armoniza con una floreciente sensualidad, con una energía fresca, joven, audaz. Un poemario para ser leído con tranquilidad.
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«El tiempo que pasamos mirando por la ventana
no volverá hacia nosotros de ninguna manera,
las horas de la tarde
que dedicamos:
a escudriñar la calle a través del mosquitero,
a horadar el vidrio con nuestra miradas inquietas»…
«Meto cuidadosamente la mano dentro de una piedra
para remover su aroma
y dejar un puñado de oro.
Piedra asoleada que es y no es
¿Y ahora qué?
¿Heredarás otro amor, un poco de esplendor
redondo?»
El pasado sábado 5 de septiembre fue el cumpleaños número 101 del antipoeta Nicanor Parra. En La Plata, Argentina, se hizo una verdadera fiesta en celebración al natalicio convocada por el colectivo La Grieta, quienes se encargaron de organizar una muestra de artefactos diseñados por artistas locales; además de torta, hubo lectura de antipoemas, intervenciones, video conferencia, performance, música en vivo y hasta rifas.
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«A Astrid se le revolcaron los pelos. Metió los dedos en su cabello negro, abrió los ojos y sonrió mostrando los dientes. Sonreía con los ojos, sonreía con los dientes, sonreía con todo su cuerpo que emocionado daba brinquitos sin pararse de la silla. ¿Qué magia puede contener la lengua que, como máquina del tiempo, como nave espacial nos lleva a otras partes? ¿Qué secretos esconden las palabras, las tonalidades del habla, qué conjuros que abren eso que está allí latente en nuestras más profundas añoranzas? ¿Qué fuego primigenio destellan que nos hacen sentir en casa? ¿Hasta dónde viajaría Astrid cuando Rolando abrió la boca y cantó, como cantan los poetas, en acento hondureño?»
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Alí Calderón con ‘Las correspondencias’ nos presenta un poemario que busca el conocimiento del yo interior, ese yo tan escurridizo. Lo hace a través de una obra metafórica que nos presenta a Muerte y a Amor en distintos tiempos y lugares. Muerte es también cambio y nacimiento. Amor, no es solo sentimiento, también es búsqueda eterna del yo verdadero, es sed de conocimiento.
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«sobre el mar, el viento espera las nubes.
el barco extiende las velas como pulmones.
sobre la arena, el aire juega con las dunas.
el hombre cae y se cubre la boca»
La poesía marca sus señales, sugiere rutas, destinos como en el libro “El Anarco y la Lira”. Para los lectores colombianos de poesía, una compilación de esta naturaleza, no deja de causar inquietud.
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