
Regalo
Mi muerte
mañana
es solo
un recuerdo.
No quisiera
decir
lo lindo
que te ves
los domingos.
Pero necesito
recordar
con palabras.
Lo angosto
que es mi país
que no existe.
No existe
porque no existe
eso es todo
No existe como
no existe el miedo.
Así no existes
miedo
como mi país.
Perdón que nombre
lo que no existe
pero de alguna manera
tenía que decir
que eso que inventamos
/con palabras/
no existe.
La Plata
Duda en su certeza de diagonales y cuadrados
es como un holograma al que uno viene
a cansarse de descansar.
Nunca había pisado
un lugar tan irreal
tan pasajero.
Aunque la vida es pasar
sus paseos están hechos para la muerte
de las hojas
crujiendo como platillos
de un tema de Miles Davis o Coltrane o Sun Ra.
Soy un círculo solo dentro de un cuadrado
pienso
quizás ya nunca pueda llegar
a esas esquinas ocultas
con las que sueño absurdamente mientras me digo:
Imposible, esos lugares ya no existen para ti.
y resignado a la eternidad
abro los ojos
una vez más
a ver si encuentro
los colores que perdí entre tantas decisiones de 90 grados.
Ya no habrán ángulos
donde esconderse
porque yo elegí
vivir muriendo.
Esto sí que es muerte
Voy al baño con un diccionario
me siento y dejo “transcurrir el tiempo”
mientras busco la palabra “paradoja”
cae uno. Luego busco; “dialéctica.
Luego otro. No entendí
pero terminé “satisfecho”.
(*) Cuenta la historia que me llamo Miguel García Chain. Hijo de Cristina Chain Castro y Hector García Jorquera y que nací en Santiago de Chile en Enero de 1994. Mi primer poema lo escribí como a los 8 años; tenía insomnio y me bajó la inspiración. La poesía era tema recurrente en mi casa porque mi Mamá escribe, así que se me ocurrió escribirle un poema. Trataba de como mi Mamá se esforzaba por cuidarme a mí y a mis hermanos. Se lo leí y en vez de retarme porque era muy tarde para estar despierto me celebró y agradeció tiernamente.
Después no recuerdo haber escrito nada más hasta el año 2009 en el que viajé a Suecia a ver a mi Papá. Empecé a escribir simplemente juntando palabras que me parecía que sonaban bien juntas, después leyendo los poemas descifraba que proceso interno se desplegaba en ese fluir de conciencia. Tenía 14 años. En cierta forma en ese tercer septenio de mi vida comencé un proceso de autoconocimiento y sanación de la mano de la soledad, la poesía y conversaciones con mi Papá. Y eso siguió a través de charlas y procesos con mis distintos arquetipos familiares hasta llegar al año 2013 cuando vine a La Plata, donde me encuentro estudiando Música Popular en la Universidad Nacional y donde además participo de un taller colectivo familiar de (anti)poesía llamado Marta.
