Claves, El Peatón

Claves VII. Nadie sabe para quién escribe

Acaso habrá alguien que sepa para quién escribe. Las palabras, puestas en un papel, nos dejan de pertenecer. Uno no es dueño ni de su propia misantropía. Aglutinar papeles en un cajón de escritorio es, a la larga, dejar un testamento de vergüenzas. Uno debería quemar todo cuanto escribiera si no le satisficiese.

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Claves, El Peatón

Claves V. Peligro de vida

No vengo a contarte nada. No podría contarte nada pues no soy un testigo de lo ocurrido y, si lo fuera, tampoco hablaría al respecto. Lo mío es callar. Mi ética es el silencio. Pero puedo sugerirte algo, si quieres, desde luego. Alba, hija, creación mía: estás en peligro. No en peligro de muerte, por supuesto, sino en peligro de vida, lo que es peor.

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Claves, El Peatón

Claves IV. La guitarra y el cuchillo

Se rumora entre los cafetales que no pueden darle más cuerda al reloj de tu enamoramiento, se dice que es fatal que estés enamorada de algo que te asfixia en las noches sentándose en tu pecho, de algo cuya mera sospecha de vida es la sangre y el olor de esperma y de sudor que sacude el viento de los cabellos del guadual en cada amanecer, desde que te encerraste en la pieza y no toleras a nadie…

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Claves, El Peatón

Claves III. Partidas

El carro que venía por él nos despertó. Nos levantamos casi desnudos por la sorpresa y caminamos hasta la portada. De este descendieron tres hombres que nunca habíamos visto. Se acercaron en silencio. Si no fuera porque uno de nosotros se atrevió a hablarles, lo único que se hubiera escuchado en la incomodidad de esa visita hubiera sido el motor del carro.

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Claves, El Peatón

Claves I. Mujer con agujas

Él la miraba desde el patio. Fumaba despacio. Sentía la incómoda presencia del revólver en la pretina. «Cuando acabe este cigarro volveré a sentir miedo», pensó. «Se nota que ha envejecido mucho en tan pocos años…»

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