
Y al día siguiente vio en el periódico una foto del estudiante, y un artículo sobre el suceso, que no quiso leer.
Ascendió al bus, le parecía verlo todavía, recostado a la ventana, en una de las sillas de atrás.
Encendió el motor, permaneció en su asiento mientras éste se calentaba. Anduvo hasta el mismo lugar. Pensó: “agua y jabón, agua y jabón y ¡ya!, no ha pasado nada.”
