Niña palestina. Foto: Acool.
Poetas de Latinoamérica se unen a Literariedad y con sus poemas gritan libertad por Palestina. Gritan que cese el fuego sionista sobre los niños y las niñas de Gaza, que cese la ocupación criminal israelí.
Shalom Baby, Salam Malekum
Gaetano Longo
Qué hermoso sería un mundo
donde los niños no tuvieran que pasar el tiempo
tirando piedras a los soldados
en vez de ir a la escuela,
donde los soldados soltaran los fusiles
que a veces matan a aquellos niños
y para ellos construyeran escuelas.
Un mundo donde los antiguos torturados
no se transformaran en nuevos torturadores,
donde no hubiese más muros
de llanto y de vergüenza,
donde todo el mundo se saludara
estrechándose la mano o con un abrazo
diciendo Salam Malekum, Shalom,
que la paz sea con ustedes y con nosotros.
Un mundo donde Ismael e Isaac
pudieran jugar juntos
bajo un cielo de medialunas y estrellas
dejando atrás los errores
de un padre traicionero como Abraham
que no supo tener unida su familia.
Qué hermoso sería un mundo
donde los jóvenes amantes de Palestina
pudieran besarse bajo las ramas de un olivo
susurrándose al oído
Shalom, baby, Salam Malekum.
Qué hermoso sería un mundo
donde todos nos acordáramos
que al fin y al cabo
todos somos un poco palestinos.
Oración por Palestina
Jaime Echeverri
Estoy cansado, Alá El Grandísimo.
Estoy cansado.
Perdida la dignidad, está perdido todo.
Ya no creo en ti, Alá.
Si existieras y fueras Magnánimo y Generoso,
Como reza el Corán,
Otra sería nuestra historia.
Palestina sería otra Palestina,
otros nuestros vecinos,
Más humanos y justos.
Voy a morir, Alá, en tu nombre
Sin poder creer en ti, ya te lo he dicho.
Me pondrán hoy el cinturón
Y mi cuerpo volará en pedazos
Con mi enemigo,
Confundidos en la muerte
Como debimos estar en esta vida.
Moriré, Alá, en tu nombre,
Y con mi cuerpo
Quedará dispersa la esperanza,
Solo así podré encontrar la dignidad.
Al fin he comprendido lo que es el Paraíso.
Noviembre
Ana María Oviedo Palomares
Soy la madre.
Aquí están mis ángeles sangrantes,
la sangre detenida de mis ángeles,
los ojos ciegos de mis ángeles terribles.
Al silencio del mundo opongo mi boca,
mi corazón que aúlla.
Corazón voraz: soy la madre.
Aquí están mis ángeles caídos,
sus espaldas atravesadas de metralla,
sus pequeñas espaldas sin alas.
Aquí están mis ángeles,
los mutilados a los que no bastaba el paraíso.
Querían tierra. No la prometida:
la de jugar al sol,
los campos arrasados.
Soy la madre.
Guardo las palabras que nunca dirán mis ángeles,
sus labios partidos,
cerrados para siempre.
Soy la madre.
La cicatriz, la quemadura,
el abismo.
La madre ya sin ángeles.
Nadie.
Desde la ventana de un niño palestino
Mariana Ruiz
Desde la ventana de un niño palestino
se ven todos los colores del desierto
oro, arena, ocres, amarillos,
Y resalta el verde más bello
el verdeolivo
de sus arbustos ancestrales;
el maná que en otro tiempo fue regalo de dioses
hoy es castigo de hombres.
Desde la ventana de un niño palestino
se pueden ver cosas atroces también:
cuerpos destrozados
casas derrumbadas
otros niños rumbo a la cárcel.
Pero desde esa misma ventana
se puede ver
la incansable dignidad
enfundada en pañuelos blanquirojos
de hombres y mujeres
que se niegan a claudicar
y nos recuerdan
abrir también nuestras ventanas
Saltarlas
porque aunque tengamos más colores,
más árboles frutales,
tenemos también un gran río de maná negro,
−otro regalo de dioses
que nos condena−.
No basta gritar ¡Palestina!
Víctor López Rache
La multiplicación del odio vuelve a activar Los F16
y el tronar de sus alas encierra el cielo
en un círculo a punto de transformarse en átomos delirantes.
Y para evitar la catástrofe no basta gritarle
¡resiste, Palestina!,
a la sombra decapitada de un bebé,
o a una anciana de 102 años
que huye de su bastón envuelto en llamas.
Palestina,
en la velocidad de las ojivas tu sed ve un río;
pero el portavoz de los países libres
prohibió soñar el temblor de una hebra de agua
sobre la agonía de tus casas demolidas.
Palestina,
si alguno de tus hijos sobrevive a los hongos de fuego y polvo
envuelto en la usura de las naciones de lengua fría
encontrarás el espejismo
que trasforma el rencor de tu verdugo
en espíritu de eterno mártir.
Palestina
Antonio Correa
En Palestina
una estrella gira ennegrecida
Y solo con mis ojos
protejo a esa mi Tierra
Corazón sepultado por la ausencia
(El presidente Arafat combate
y muere con una linterna sorda
entre su cuerpo)
En mancha de tabule
mi corazón devora esa distancia
El sonido llega y humedece la tierra deseada
Buscado por asesinos canto una dura tonada
mientras miro mis manos
En la frontera escucho la explosión en el techo
y no decae mi espíritu
Que regresa en una dulce cítara.
Sobre el aire de Palestina
Carlos Luis Torres
Éramos como dos aves paradas sobre roca,
amenazadas por el ruido, por la sangre, por el polvo enardecido.
Miré tus ojos desgarrados por tanto tiempo a la espera
de un espacio, para poner un pie, o tocar el agua.
Miré tus manos sin plumas, sin humedad, encallecidas,
fracturadas por la brega cotidiana de tapar el sol,
y ahora, en medio de la luz blanca y el polvo que producen
los destellos de esta guerra, añoro la escuela al aire,
la maestra de pasos milenarios y tu mano seca…
puesta al lado de la mía.
Ahora que somos dos aves paradas sobre roca,
que tu canto busca los recodos de un mundo sin silencio,
sin este pelotear desgracias y batallas, sin este aullar de tantos,
quiero simplemente decirte, que muy atenta espero
que una grieta te permita repetir
lo que enseñaron en la escuela ¿… lo recuerdas?, era un canto
que llevaban las mujeres en la boca,
que paseaban con el ritmo de sus pasos
y que tú cantabas con el alma…. Sí, ahora lo requiero.
Otra guerra, la misma guerra
Óscar M. Corzo
Caín y Abel seguirán existiendo
Mientras existan fronteras
Para alimentar cementerios
Cada uno de su lado de un muro
Sepultado a su vez por las páginas
De sus sagradas mentiras.
Y no importan hoy sus nombres
Si no el eterno fraticidio
en nombre de un padre
eternamente silencioso.
Caín, ¡cuántos rostros tienes
Y cuántos rostros has desfigurado!
Israel, ayer fuiste Abel y hoy la quijada
Manchada de sangre y metralla ha caído
de tus manos.
Cuento con gorrión para un niño de Gaza
Luz Helena Cordero Villamizar
Voy a contarte un cuento, niño triste de Gaza.
Trata de un mundo que no conoces.
Vivo en una casa con sol y muchas flores
y hace ya varios días dos gorriones anidan.
Los he visto llevar filamentos en sus picos, ración de raíces,
rastrojos, añicos de nada, hacia un lugar oculto del jardín.
Veo escaramuzas, rondas de dos en los helechos, el canto avizor,
la alerta ante el brillo del colibrí,
la alarma ante las zancas de la mirla,
contiendas por el verde, por el agua.
Nada extraño por aquí, nada digno de asombro.
Escucho ahora los chillidos, el piar de las crías cuando mamá se aproxima,
cuando va y viene del alimento a la espesura, a su tesoro oculto
donde aguardan con sus picos abiertos un bocado de cielo.
Crecen mis ojos para verlos surgir, si el regalo es posible,
cuando estrenen sus plumas y su vuelo.
Nada raro, niño, son pájaros corrientes,
surcan el aire y la ternura.
Sin embargo, no es época para maravillarse con pájaros
— quizá ninguna lo ha sido—
porque mientras ella busca alimento y regresa al nido,
llueven sobre ti bombas del cielo.
No los coloridos globos que se encumbran, no,
son esos que impiden jugar, que no dejan reír
y cuando estallan, mamá desaparece.
Esos regalos del cielo sepultan tu mínima historia de ruinas.
No has tenido tiempo para el miedo, tampoco para el dolor.
En esta historia que sucede aquí,
las crías trinan, alborotan, sacuden las hojas,
pero tú ya no llevas voz y volaron tus manos.
Hay algo que no ajusta en la conciencia, niño,
no es época para maravillarse con pájaros
y aquí estoy, espantada, culpable,
vigilando un nido en mi jardín
mientras tú, globo desgarrado, te hundes en la tierra.
Voy a contarte un cuento, niño triste de Gaza,
habla de un nido de gorriones,
trata de un mundo que nunca conociste.
Nana de la ausencia
Albeiro Guiral
Duérmete, luna gazatí,
duerme, espejo de arena de Cisjordania,
niño palestino,
niña del cántaro con flores.
Mañana no habrá sol.
Mañana no habrá mar
(será tan amargo como el café de los difuntos).
Duérmete, mínimo océano de luz,
los otros hijos de Sem han venido
como “un maestro de Alemania”.
Duérmete, canción del cántaro,
niña de sonrisa de plata.
Mañana no estarás.

Cordial saludo. Tengo algunos poemas sobre Gaza, me gustarÃa, de ser posible, que también los publicaran. Gracias. IVAN DARIO VILLEGAS CASTAÃEDA
Hola, mi nombre es Luis Cuadros Falla, Soy poeta y periodista. Por favor, quisiera colaborar con un poema sobre Gaza, ¿Cuál es la ruta? Gracias por su atención, saludos desde Lima, Perú.