Ed Wood quería ser Orson Welles. Obviamente no pudo.
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Ed Wood quería ser Orson Welles. Obviamente no pudo.
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Para Robert Bresson el cine es una escritura. Y toda su obra constituye un solitario esfuerzo por organizar un mundo inédito.
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¿Qué he hecho yo para merecer esto? es una película plenamente consecuente en la evolución de Almodóvar. Es una especie de continuación apócrifa de Entre tinieblas.
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«Rivette es uno de los grandes filmadores del cine francés. Devorador de imágenes, un cineasta puro».
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«El Funeral» (1996), película de Abel Ferrara, es una buena muestra de cómo podemos ser capaces de humanizar la muerte.
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Frank Borzage, un director extraordinario, dueño de un universo absolutamente intransferible y personal: lírico, poético, intenso y apasionado, en el que, como nunca en la historia del cine, el Amor y los sentimientos y emociones que este provoca se convierten en el eje esencial de las relaciones humanas.
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Las películas de Lucrecia Martel son como punzadas en el corazón. Van directas a nuestros temores, a escarbar en lo más hondo de nosotros, de nuestro subconsciente
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Con Joel y Ethan Coen, el cine de los Estados Unidos llega definitivamente a la edad adulta.
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‘La hoguera de las vanidades’ se presenta como una fábula dirigida a aquellos que pierden su alma con el fin de ganar el mundo.
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Hal Hartley es un hombre que se oculta, es un realizador que se cubre en un aparente anonimato y sabe también ocultar su juego, su oficio y su pasión en medio de la abstracción, el realismo y la parodia.
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Su cine es ‘underground’; se sitúa, según sus propias palabras, en “un cine de imagen afectiva o de imagen-pulsión, a la manera de Buñuel». En su trabajo, busca relevar las relaciones míticas, ya que, para llegar a un grado superior de complejidad, el cine debe abordar el mito.
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Hubo tanta inocencia y equilibrio, tanta santidad milagrosa a lo largo de las historias que registró, que el espectador parece caminar por un sendero que lo conduciría al paraíso perdido, que puede no haber existido sino en catálogos turísticos, construidos a la manera de esas construcciones carnavalescas y que a primera vista, parecen irreales.
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Lo peor de la película ‘Que viva la música’ es que la hayan realizado como si esperaran vender por el nombre del escritor y que terminen convirtiéndola en un homenaje más.
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La cámara está presente como por casualidad, no hay nada que parezca especialmente arreglado para ella, todo podría suceder igualmente sin ella. Peter Lilienthal no es el escenógrafo, sino el documentalista de sus historias y de sus personajes.
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Este manual habla de cómo defenderse de los embates del mundo competitivo y es de consulta obligada para todo quien crea que la vida es en serio.
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Los escritores han sido además la raza maldita de Hollywood, no ya por la deformación que el cine haya hecho de sus novelas o piezas teatrales sino en su misma función de adaptadores de la industria. Fueron indispensables al cine, especialmente desde 1930, cuando el sonido obligó a una más sólida estructura argumental y a escribir diálogos.
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El rostro de James Dean era un pasaje cambiante donde se podían leer claramente las contradicciones, las incertidumbres, los impulsos del alma adolescente. Mentón sobre el pecho, sonrisa inesperada, aletas de cejas, ostentación y modestia, ridiculeces torpes e ingenuas, es decir, siempre sinceras.
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