«Cuando llegues, acá estaré.
Sentado en la vieja mecedora al lado del árbol
que nos vio crecer. Si mi aspecto ha cambiado, te
ruego que no te asuste».
En «Ogros ejemplares» Daniel Centeno, que mucho tiene de narrador, busca que su lector abra el libro y piense que se trata de una compilación de autores ficticios. Debo confesar que eso me pasó: en el índice logré reconocer únicamente a Thomas Pinchon, y los demás ¿De dónde los sacó?
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La hora se acerca, casi las doce, tu y yo solos aquí, en la morgue. ¡Oh querido cadáver! que yaces pálido e inmóvil, ¿quién te mató? ¿Por qué?
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«Lo angosto
que es mi país
que no existe.
No existe
porque no existe
eso es todo
No existe como
no existe el miedo».
Fernando Vallejo no teme, escribe. Y lo hace con la misma pasión endemoniada con que vive. Este insultante de la montaña, procaz irreverente y luciferino, este ariete despiadado contra el género humano es también un delicado pianista, es director de cine, biólogo, gramático, ensayista, novelista, biógrafo y sacrílego altivo y desafiante colérico.
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Lo curioso es que nada hacía prever en Lindsay Anderson a un iconoclasta, discutidor contra el ’establecimiento’ y uno de sus críticos más permanentes y afilados. Porque este hijo de un oficial escocés de servicio en la India –allí nació Anderson, en Bangalore- hizo su aprendizaje en tradicionales colegios ingleses y cumplió su servicio militar en los años de la guerra, otro tiempo en la India.
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«somos el presagio de tormentas futuras
un código secreto que pare la vida a diario
somos una estructura disforme jugando a la belleza»
Como creadores, y sobre todo como lectores y admiradores de la poesía colombiana, apoyamos a Fátima Vélez Giraldo, porque la ausencia de una firma no puede contradecir la elección de los jurados, y esta no puede ser tomada como una recomendación.
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» Tomó el cráneo entre sus manos y con delicadeza lo echó en la bolsa plástica negra, luego fue depositando lentamente el resto de las partes que componían el esqueleto. Le pagó al señor con un billete arrugado y cargando la bolsa se encaminó hacia la salida; tras ella fueron la anciana y la niña».
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Me pregunto, ¿esta prevalencia de los formalismos no va contra el espíritu del concurso, cuya razón de ser debería ser el reconocimiento de una obra a través de la decisión de un jurado? ¿La burocracia y la minucia están por encima de la calidad del trabajo de los artistas, calidad que por otra parte es avaluada por unos jurados designados por la misma institución?
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«lúgubre y valiosa como la sal en los tiempos del oro
cuando ni el tiempo ni el oro
tenían ritmo que pudiera medirse
con rumores humanos»
«Las imágenes deberán enviarse en formato Jpg, tamaño A4 y en blanco y negro. La convocatoria se enmarca en conceptos como creative commons, obras culturales libres y copyleft. El festival no tiene fines comerciales, no hay jurados, no hay ganadores, no es pago, todas las imágenes enviadas participan».
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«Luna de abajo,
en el fondo del pozo,
blanca entre los charcos de la bocamina;
inmóvil
en las aguas del río
que no puede llevarla
-a ella, tan ligera-
en su corriente».
«Tan malísimo es el Rulo Palacios- aún hoy, en el atardecer de la vida- que se ha negado a darle a Clementina los dientes postizos con que su rostro podría verse casi tan bello como en los años de juventud. De una bofetada, en mil novecientos ochenta y nueve, el Rulo le bajó dos paletas una vez que ella se puso quisquillosa con los ronquidos de él».
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«si sonríes es porque se ha abierto una ventana
yo he calzado tus pies descalzos con flores y desiertos
he cambiado el clima, entonces recoges tu pelo
descubres tu cuello y te sientas a la orilla del río»
Orson Welles era un Fausto en la mesura de Norteamérica. Un hombre que había querido ser al mismo tiempo y en la doble vida: Macbeth y William Hearts, Don Quijote y el coronel Kurtz, Houdine y José K; interpretar a Cristo en The servant in the house y a Judas Iscariote en The dust of the road.
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En la novela “Jazz” de Toni Morrison (1992) el lector percibe a un narrador que varía, embellece e intensifica su tema. El resultado es una imagen de acontecimientos, personajes y estados de ánimo densamente complejos, como sacados de la música en que se inspira y recrea.
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