Andrés Felipe Marín nos permite explorar, sin la limitación de la palabra, mundos en donde el ser humano se fusiona con máquinas, animales extintos y criaturas fantásticas.
Miguel Ángel lega con sus prisioneros una auténtica problematización de la concepción que pueda tenerse de la obra artística en relación a su objetivo, su fin. Ellos expresan esa inagotable fuerza del arte.