
No sé bien qué hizo, pero haya hecho lo que haya deshecho, la responsabilidad es mía y no de él. No lo culpen por ser tan mal escritor, porque el mal maestro he sido yo, además que, gracias a la mágica Internet, podremos, como bien se quiera, leer esto, o no leerlo en el mejor de los casos, o imaginar que no lo leímos y que utilizamos ese tiempo para perderlo, como debe ser, en alguna red social llena de desconocidos que se saben de memoria nuestra vida privada. Ya se sabe que tiene más valor el tiempo perdido con un enemigo potencial que lo hecho por alguien que ni siquiera sabemos si en realidad existe ni si en realidad lo hizo y es que así lo imaginamos.

No entendí nada, parece que usted quería decir que llegó tarde y por eso no podía hacer algo. De todos modos, a quienes nos gusta la revista leemos. No se exceda con las palabras, ultimadamente las personas no quieren ni leer rótulos de tránsito. Bonita revista, en mi jardín hay tiempo para leerla.
Ese saltamontes bien puede ser mi menú de fin de semana.
Convengamos amigo Sergio que haberme adentrado en la lectura, a pesar de sus avisos y señales, haciendo el supremo esfuerzo de obviar la imagen de insecto tan detestable -no es cierto que todas las criaturas de dios sean bellas, o por lo menos parece que el tipo solía gastarse alguna broma- para enterarme que usted debe recurrir a cuanta treta se le pone frente a frente para cumplir con ese mantra q
cometarius interruptus…decía, de poder cumplir con ese mantra que es la columna semanal. Vea, querido amigo, yo tengo una de esas, bimensual apenas, y suele ser la espada más famosa del mundo colgando sobre mi usual tranquilidad. Así que le entiendo, y créame que le sobra inventiva para saltarse la valla con su habitual elegancia. Un abrazo virtual