Danza objetual
tomas asiento junto a mí
mientras por décima vez limpias tu rostro trasnochado
esa llama que cae cerca de nuestros pies
agita a los insectos del vaso
te despejas la frente que cubre tu cabello rojizo
y sirves más licor de caña
me ofreces mi cigarrillo
nuevamente hablas del orgullo que te arropa
de los lugares habitados de tu melancolía
esos sitios polvorientos
en que nada crece ni anda
como lo fue nuestra vida
me hablas de la necedad infranqueable
asocias la miseria y la muerte con la suerte
admiras el andar del perro flaco
que recogiste un invierno parecido a este
manoteas el aire templado de mi fumarola
te apoyas en la silla y resoplas
me quitas la mano que descubre lo indivisible
después tu rostro se endurece
repites el denuesto dirigido a mi ausencia
golpeas mi pálido rostro después de mirarlo
y preguntas por la cicatriz de mi ceja
mientras escupo mi nombre que trazaste en la tierra
me dices que terminaste por enterrar mi imagen
que perdiste la boleta de empeño de la sortija que te di
que en todas tus noches me deseaste la muerte
que arrojaste mis ropas al canal
que interrumpiste tu embarazo
que nunca supiste donde buscarme
tu amiga se despierta y te lleva hacia la casa
casi al llegar a la entrada me dice que me largue
busco el encendedor en el suelo
me guardo la cajetilla de tabaco
traspaso todo el licor en la botella de refresco
pienso que hasta ahora no he sabido regresar a tiempo
El respiradero
estoy bebiendo afuera de la estación Jamaica
todavía es temprano para partir
aun cambia la luz de los semáforos,
pero esta es la única manera de encontrar
algún asiento en el vagón,
millones de horrores
se han movido por aquí
pero el cansancio es suficiente
como para dejar de abrir los ojos
sin que uno recuerde nada
ni los rostros de aquellos niños
harapientos y serios
que deambulan
en la larga línea de la estación
agarrados de sus manos
a la mujer desesperada
que pega de gritos
pidiendo ayuda para recuperarse
de una múltiple enfermedad,
un padre arrojándose de espaldas a los vidrios
mientras pide una moneda
que no obtiene al final de la puerta
acaba de verme el vigilante
regar el níspero sin fruto
también esta cansado
y disimula no verme
se queda frente al torniquete
gestionando su celular
no importa es pura urea, me digo
volteando hacia la avenida mientras fumo,
así estamos todos
alejados de aquí
soportando hasta la ultima noche
que transcurre pesadamente
por nuestra fría mente
entre el líquido de nuestros huesos
esa cosa que llaman descanso nos espera,
sigo pensado en Laura García del Castaño
y en su trabajo en la funeraria
mientras se me acalambran los pies
al estirarme en la ennegrecida jardinera
me limpio el rostro con el licor de caña
que se alcanzó a derramar
dejo que termine de hundirse en el cemento
pero se evapora en mis manos,
he estado durante todo el día entre los autos
y apenas me explota la borrachera
supongo que el peligro lo consume todo
como si perteneciera a nuestra sangre,
termino con un largo trago de mirar el desesperante cielo
volteo de lado a lado
una carcajada se aleja
enciendo un toque y comienzo a caminar
se me ocurre dormir en el mercado
entre los pétalos de las flores marchitas
y no atravesar esta ciudad
para ver si veo pasar algo
Sobresalto nocturno
hoy que solo es un decir
no consiguió ni un té
hecho de roídas hojas
que solo caen en invierno
esas que cubren las laminas de asbesto
de pequeñas construcciones
que están ladeándose todo el tiempo
como si fueran flores a punto de morir,
que no tienen ningún cimiento
solo la única necesidad de cubrirse
de esta polvareda
que no deja pasar la luz
ni las risas de los niños ventrudos
que juegan a esconder el gato muerto
en los cerros erosionados
que en algún tiempo
alimentaron el aire
y ahora han sido declarados
basureros municipales
tiene un trago amargo
traído de la farmacia
con indicaciones
que escapan a su entendimiento,
pececillos plateados
y termitas se sumergen
en la cabecera de su escondite
entre consumidos amaneceres
que dibuja su frente
amplia y marchita
quita el respiro
de la botella de plástico
arroja su cabeza
aun lado de los restos
que lo mantienen
aislado del cadáver
y comienza ese murmullo
roto en el cielo
que es mayor a cualquier plegaria,
a la desembocadura
de cualquier grieta
que serpentea
y desconfigura el agua verde
estancada de la lluvia
Sin prisa
A Teresa
entre esta tierra y el azar
se acerca el atardecer
y despacio nos guía la soledad
rodeando la pendiente
uniendo nuestros miedos
dolores y el pasado
en finas líneas
que solo el sueño puede dar
cubiertas por un prolongado frío
y silencioso tiempo
días y meses te he descrito
entre la gran humanidad
llena de banalidad y ruina
platicándole a la absurda caminata
imágenes que tuercen
y desplazan la luz
que no reconoce rostros
no he pensado dejarte
aun me aleje de tus pasajeros días,
se de lo que no es para siempre
somos lo suficiente para recordarnos si no es así
siempre habrá tiempo para comenzar
Luriel Lavista: (México, 1990). Autodidacta, Dibujante ocasional y Lavacoches. Gusta de la Música Concreta. Ha publicado en las revistas: Molino de Letras, Vómito de Letras, ERRR-Magazine, Factum, El Humo, Círculo de Poesía, Revista Miseria, The Ofi Press Magazine, Otro Páramo. En los espacios Digo.Palabra.txt, La Rabia del Axolotl, y en Cronopio.MX
