Alberto Rodríguez Tosca
(1962 -2015)
Poemas
Todos los días lo mismo
todos los días lo mismo levantarse
tomar café bañarse vestirse salir a
caminar lo mismo todos los días todos
lunes martes miércoles jueves viernes
la misma resurrección después de una
madrugada de muerte todos los días
saludar beber comer besar a una mujer
desear la del prójimo sentir envidia por
el que sonrió sábado domingo lunes
martes miércoles jueves pagar cuentas
hablar siempre de más despedir amigos
masturbarse con rabia vender el alma
al diablo negar asentir (no señor sí señor)
redactar burdas lamentaciones que no
conducen si no a todos los días lo mismo
burlar las leyes acatarlas sortear deudas
dudar mentir reír llorar huir pedir perdón
arrepentirse hojear la prensa arrepentirse
escuchar la radio arrepentirse (se acaba
el mundo) viernes sábado domingo vagar
como alma en pena por calles de otros
tropezar en ellas con lánguidos transeúntes
enceguecidos por la indiferencia del ser
la inmortalidad del miedo y la rueda dentada
de la repetición todos los días lo mismo
todos los días lo mismo todos los días.
Una noticia en el reloj de arena
no haber podido pronunciar más de tres
veces el nombre de esa mujer sin que descendiera
de una nube su implacable dedo índice para
culparme de su odiosa levedad temer a la multitud
y a las alturas dormir hasta las once y despertarme
con la nefasta sensación de haber perdido los dedos
de la mano y el tiempo rodar como una roca por
mis propias palabras y estrellarme contra un muro
de gente hablar más de la cuenta y de lo que
no conozco mentir sobre los dones que heredé (no
heredé ningún don salvo el de una escritura que huye)
tocar la puerta equivocada siempre abrir la puerta
siempre a la hora equivocada (por qué) soñar
todas las noches el mismo sueño con los mismos
monstruos insistir en inventarios de lo que nunca
tuve o fui regresar cada mañana a la misma solitaria
estación a ver pasar el tren (decirme adiós) y luego
volver a casa acostarme en el suelo con una botella
de vino entre las piernas y aguardar el rostro del
desconocido en la ventana para señalarme en el reloj
de arena los desmanes del día y la hora de morir.
Los muertos y la luna
al milagro de vivir suma el milagro
de seguir viviendo no preguntes por qué
no preguntes conserva tu ignorancia
sobre la seducción de los escarabajos
nocturnos ladea el rostro y esquiva la mirada
de esos arqueólogos del conocimiento
compra un ramo de espinas y sale a repartirlo
cada peatón espera con ansia su pequeña
mordedura de plata no preguntes por qué no
preguntes simplemente camina y al filo
de la noche acércate a una vidriera contempla
fijamente tu rostro como si fuera de otro
(en realidad no es tuyo) ese otro sabrá explicar
lo que sucede después lava tus manos en todas
las pilas bautismales sécalas con el viento
no mires hacia atrás no mires camina
simplemente camina y ruega porque ningún
desprevenido reproduzca el juego (es peligroso
jugar cuando se borraron las reglas de antemano)
no preguntes por qué no preguntes lo que sólo
los muertos y la luna podrían responder.
Las vidas tranquilas del dolor
Vienen y van como cometas perdidos en una galaxia enemiga. Arden en la fragancia de los trinos y no se comprometen si no con sus propias estelas de agua. Son las vidas tranquilas del dolor. La calma chicha de la sangre agujereada por alfileres de seda. La fuente. El puente. Una estación para sembrar pequeños botones de bocas cerradas. El silencio no es humano. Lo alquilan en la tierra para falsificar la gloria de los dioses. Pero si callas hoy mañana te será dado un reino de noches sin culpas y devuelta la devoción por la música de los desiertos. No soy digno de decir lo que digo. Pero la madrugada será larga y nadie llamará para decir que no soy digno de decir lo que digo. Una cerveza, un ánfora, una foto, un perro, un vaso, un puerto, una tumba de más, una conversación con las estrellas y un país. Así transcurren las vidas tranquilas del dolor. Entre un cuerpo que tiembla y una ventana por donde alguna vez se fugó el día.


Creo que fue el año pasado en el Festival de las Artes y la Cultura Popular en Tunja, al calor de un tinto espeso y de un Pielroja, nos reencontramos después de muchos años y hablamos, claro, de Poesía y de Cine. No se ha ido, simplemente no lo vemos.