
Si la ciudad parece gritar de saciedad
eructando humo y publicidad
y hombres con hambre de mundo
hartos de lo que no cambia
se podría pensar que nadie piensa en la ciudad
o que la ciudad y sus hombres son incompatibles
o quizá que nadie sabe que existe la ciudad.
Pero las ciudades sí que existen
existen dentro de nosotros
y nosotros dentro de otros
y los otros en otras ciudades.
Así que si la ciudad grita de saciedad
es porque fuimos demasiados.
