
Por: Juan Manuel Roca
Ya hace cien años que entró Charlot a la pantalla y sigue más campante que el caballero de la chaqueta roja en la etiqueta de una rumorosa botella.
Como recordarán, un buen día en la tras-escena le dijeron a Chaplin que se pusiera cualquier indumentaria para un pequeño papel en un filme. Tenía 24 años y mucha calle encima.
El desconocido actor se puso unos pantalones bombachos, tomó un modesto bastón de caña y se encasquetó un bombín. Le agregó a su improvisado personaje un bigote de mosca, y ya está, de ese collage de trapos y pobre utilería brotó su extraordinario personaje. La historia posterior es la de la mayor poética del cine.
Hace una buena lonja de años escribí un pequeño poema sobre los dos personajes, Chaplin y su otro y lo recupero para celebrar al hombrecito que fue capaz de burlarse del gran dictador y de estrechar en cambio la mano de Gandhi.
ESCENARIO PARA CHARLOT
Juan Manuel Roca
Nadie como él,
Vagabundo
Que tanteaba
El silencio
En su arqueado
Bastón
Y a falta
De un manjar
Engullía
El imposible.
Nadie como él,
Un paria
Que sorbía
Con pasión
Los tallarines
De un hambre
Milenaria:
El delicioso
Cordón
De sus zapatos.
