
Si una plaza pública
atestada de manifestantes
de fogatas y ollas comunitarias
se convierte de la noche a la mañana en hogar
y ni un temblor la mueve
se pueden esperar dos cosas:
1, que serán escuchados por los sordos
2, que cada manifestante se reproducirá en venganza.
Si suceden las dos en simultánea
aunque parezca increíble de antemano
todo lo que rodea a la plaza estaría salvo
por los siglos de los siglos
o mientras dure el acto esquivo del amor.
