
Sin lugar a dudas Carlos Héctor Trejos Reyes (Riosucio, Caldas, 1969─1999) merece un lugar especial en las letras colombianas. Su corta vida la dedicó con la devoción inusitada de quien espera la muerte para justificarse, a la creación de una poesía única por su sinceridad, su exploración de temas no convencionales, y el misticismo atávico, pagano, que nos ofrecen sus versos. Este 11 de septiembre cumplirá quince años de haberse hecho transparencia. Queremos compartir, como ya lo hemos hecho en este sitio, algunos de sus poemas más bellos con el fin de hacerle un homenaje y recordarlo, como se debe: invocando la poesía por un instante en nuestras vidas en memoria de aquel que entregó por ella toda la suya.
AHASVERUS [1]
Quien se ha extraviado a sí mismo,
No puede encontrar alivio en ningún estadio.
Como marea movida al incierto
No tendrá playa para escoger.
Descansarán las palabras en un papel,
Pero el errar de su alma a cada rato
Le mostrará una nueva bifurcación.
Inclusive el abismo le será poco.
No será huésped en ninguna región,
Sólo será un viento acosado.
No tendrá padres, ni nombre común.
Su sombra apenas lo podrá seguir.
La posada siempre estará más adelante,
En dirección del nunca, del jamás,
Para él, no habrá paraíso,
No habrá infierno; ambas moradas
Serán despreciadas por su andar.
Ni siquiera lo detendrá la muerte.
Debe seguir hacia su desencuentro.
SEÑOR RIMBAUD [2]
Le doy la razón.
Preferible cazar elefantes
A cazar palabras,
Ir en busca de palabras,
Es como ir en busca de fantasmas.
Dispararles, es dispararle a sombras
Y sucede muchas veces,
Que la nuestra se atraviesa
Y quien recibe todos los impactos
Es nuestro propio cuerpo.
África no está lejos
Pastan más lejos los sueños
Y de esa larga correría,
Nada se trae útil, ni un trofeo.
Es más valioso el marfil.
No me volveré a armar
Contra los espejos oscuros de la poesía,
No me volveré a enfrentar contra mí mismo.
Preferible, hundirse sobrio
Con armas y pieles
En un mal negocio.
AGENCIA DE OLVIDOS [3]
Lo que la muerte ha olvidado
A su paso, yo lo escribo
Y lo anuncio en voz alta
Para que vuelva y no deje nada.
He abierto y he llenado varios libros
Con sus olvidos.
Las cuentas son muy claras.
Cada día apunto lo que ha dejado atrás
Por andar a las carreras.
Así conmigo, cuando me veo en el espejo,
De inmediato me incluyo.
Soy a quien más olvida.
ABRIL 15 DE 1938 [4]
En las Galias,
Confabulado con el tiempo
Agoniza César Vallejo.
Su alma bruja baila la danza india
Alrededor del su cigarrillo encendido,
Para que la lluvia lo acompañe
En su hora final.
La hoguera ha dado resultado.
Sus pronósticos empiezan a encasillar
Letra a letra,
“Me moriré en París con aguacero”.
Verso inútil e incesante [5]
Sólo un verso mal aprendido,
que no sabré si es mío o ajeno,
quedará como resumen de mi extravío
y de mi merodeo en la poesía.
No será útil como epígrafe
para saber de mi vida,
ni servirá de epitafio
para cuando me llegue la muerte.
Sólo será un verso que a cada rato olvido
y que a cada instante recupero más maltrecho,
sugiriéndome siempre otro dueño.
Verso que no hará parte de ninguna antología,
y con el que no ganaré
una palmada en el hombro, un corazón o un premio.
No servirá para nada.
No valdrá siquiera de contraseña
para entrar al infierno.
Sólo unas cuantas palabras
que incesantemente pierdo y encuentro.
Notas:
[1] Trejos, Carlos Héctor. Ahasverus. Manizales: Imprenta Departamental de Caldas, 1995. Pág. 23.
[2] Op. Cit. Pág. 16.
[3] Op. Cit. Pág. 17.
[4] Op. Cit. Pág. 13.
[5] Trejos Reyes, Carlos Héctor. Obra inédita. Selección. Corporación Encuentro de la Palabra. Riosucio-Caldas. Editorial Andina, 2006. Pág. 1.
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