Las lágrimas amargas de Petra von Kant, El Anhelo del Salmón (Bogotá) en la VI Muestra de Teatro Alternativo de Pereira, 24 de julio de 2014.

La desazón que causó el grupo bogotano El Anhelo del Salmón en Pereira se debe quizás a que la obra que presentó es de un formato que raya con lo telenovelesco y comercial. Basada en una dramaturgia de Rainer W. Fassbinder, por lo que había despertado tantas expectativas, no trasladó al escenario la fuerza de sus personajes ni la angustia del rechazo y la soledad que transmiten los diálogos del gran autor de Un año con trece lunas. Y no sólo este sinsabor pueda provenir del criterio del público de la Muestra de Teatro Alternativo, que si bien ha sido asiduo desde la primera versión, ha sido piadoso cuando ha creído tener que serlo, sino que el montaje en cuestión al parecer carecía de preparación y abusaba de confianza.

La actuación estuvo llena de tartamudeos e inseguridad como si las actrices durante toda su aparición hubieran sentido que estuvieran exponiendo algo imperdible, mariposas ciegas con miedo de acercarse demasiado a la luz asesina. Es improbable hasta qué punto este hecho sea producto de una desprotección por parte de la dirección, o de un exceso de rebeldía actoral. Lo que sí es cierto es que no estábamos ante la calidad de las obras que se habían presentado hasta el momento. El personaje más destacado fue la asistente de Petra von Kant, quien sin pronunciar palabra alguna fue creciendo con vigor hasta cuando pensábamos que en sí estaba el clímax de la representación, pero lo vimos caer en la debilidad de los demás.
El escenario se saturó de elementos infundamentados, hojarasca que lo hacía ver sucio y descuidado. La luminotecnia tuvo intermitencias o infortunios por instantes, y el efecto de sonido de teléfono usado con frecuencia para hilar la situación, limitaba con el lugar común y la ausencia de la imaginación.

El Anhelo del Salmón con una década de trayectoria y en cuya cantera hay obras premiadas y celebradas como Esperando a Godot y Hay que apagar el fuego, queda en deuda con el público de la ciudad en esta oportunidad. Quizás estas palabras que nunca pensaron ser escritas queden para el olvido, como Las lágrimas amargas de Petra von Kant.

