«La discreta», película de Christian Vincent (1990), es un ensayo sobre los amores impedidos y contrariados y sobre los sentimientos definitivos y los provisionales.
El verdadero cine erótico es el que no sólo muestra el cuerpo, sino que indaga en la mente y refleja el alma de sus protagonistas. El que, de paso, nos dice algo de nosotros mismos y de la sociedad en que vivimos. El que se encarga de desempolvar algunos fantasmas y enfrentar nuestros propios miedos y fantasías.