«Cierro el renglón. Abro el margen.
Un torbellino de arena
me hace presa de su viaje.
De marzo a junio es sabido
que queda el grano de sal
amurado a su destino».
«Tan malísimo es el Rulo Palacios- aún hoy, en el atardecer de la vida- que se ha negado a darle a Clementina los dientes postizos con que su rostro podría verse casi tan bello como en los años de juventud. De una bofetada, en mil novecientos ochenta y nueve, el Rulo le bajó dos paletas una vez que ella se puso quisquillosa con los ronquidos de él».