Los revisores entraron a mi vagón en la primera estación. Son como perros de presa, como un conjunto agresivo de sombras. Yo no tenía billete, pues había olvidado mi cartera con la tarjeta mensual de transportes.
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Los revisores entraron a mi vagón en la primera estación. Son como perros de presa, como un conjunto agresivo de sombras. Yo no tenía billete, pues había olvidado mi cartera con la tarjeta mensual de transportes.
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Yo he conquistado a los mendigos alemanes, a los ghaneses y a las sirias, porque con la compasión, con la cara del Cristo, se pueden conquistar todos los corazones.
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Lo que quiero decir es que yo sentía todo abierto, vivo y milagroso, como si me encontrara en una llanura y nada ni nadie levantara un palmo del suelo, todos iguales, gentes pobres y exitosas, miraba igual a un mendigo que a un actor de Hollywood (recuerdo coincidir con un par de ellos en Nueva York), miraba su estructura molecular, y estoy seguro que si hubiera llegado a una de esas fiestas del Greenwich Village y me hubiera abierto la puerta un marciano, le habría dado un abrazo y sonreído igual que a Eduard Norton o a Keanu Reeves (los dos que conocí), exactamente igual.
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Hoy, día 25 de diciembre de 2018, día de Navidad, día del nacimiento de Jesús, me siento como Herodes. Igual que Herodes, siento que mi singularidad está amenazada por un puñado de paisanos cuyo pecado fue nacer en un lugar determinado (Logroño, España), un determinado día (4 de enero de 1983) y a una determinada hora (13:35). Voy a empezar por el principio, como siempre, y como siempre, voy a divagar todo lo que necesite.
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En fin, como decía, en este fotograma que veis estoy mirando a Lana en el público. O sea que miro a cualquier mujer mulata, negra, que haya entre el público, la miro siendo consciente de la farsa que supone, de la transmisión inconsciente de afectos que establezco entre la elegida y la desconocida. Y cuando escribo sobre ella también soy consciente de la farsa. Y también cuando escribo sobre Cacto o sobre mis novelas. Incluso cuando escribo en internet. Sé que estoy tan loco como cualquiera, que no soy sólo mi perfil.
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Buenos días. Estoy un poco contrariado porque todo lo que escribo, a mi entender, es tristísimo, pero a vosotros, mis lectores, os divierte.
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Esta fotografía me la tomaron el pasado domingo en el Jardín Botánico de Berlín. Me disfracé de Juan el Bautista. Os voy a contar el episodio, como si fuera Juan el Evangelista, para dar testimonio, para que no se pierda mi predicación.
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