Hubo tanta inocencia y equilibrio, tanta santidad milagrosa a lo largo de las historias que registró, que el espectador parece caminar por un sendero que lo conduciría al paraíso perdido, que puede no haber existido sino en catálogos turísticos, construidos a la manera de esas construcciones carnavalescas y que a primera vista, parecen irreales.
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