Me pregunto, ¿esta prevalencia de los formalismos no va contra el espíritu del concurso, cuya razón de ser debería ser el reconocimiento de una obra a través de la decisión de un jurado? ¿La burocracia y la minucia están por encima de la calidad del trabajo de los artistas, calidad que por otra parte es avaluada por unos jurados designados por la misma institución?