La luz incierta del crepúsculo, la atmósfera en la que todo es y no es, empieza y no termina, se insinúa y se equivoca, como si se moviera en un límite fluctuante, en una linde imprecisable que confunde el origen y el final de las cosas, implicando a la vez el tiempo y el espacio, es la luz natural en que hallan sitio la mayoría de las motivaciones de Eliseo Diego, y de sus ideas sobre la creación.
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