Una mínima muestra de un bestiario tan americano como lo que somos como americanos, y del que, con seguridad, nosotros y nuestros antepasados oyeron hablar.
Cuando se ve amenazada la Democracia, este mínimo paraguas roído en medio del chaparrón de intemperie económica de las corporaciones, no podemos pensar en otra cosa. Detrás de las zancadillas a la democracia viene la poda a las ideas, a las palabras, a los sueños, a la convivencia. Peor aún, viene la poda de las orejas.