Ese barrio es como maluquito, dijo una voz sin rostro que se diluía en la multitud de bicicletas que se alejaban en dirección contraria a la mía. Habíamos salido de casa con la bicicleta de M pinchada. No fue difícil encontrar en dónde ponerle aire. Mientras esperaba una niña de escasos tres años llamó mi atención, iba al pique en una bicicleta más grande que ella, sin ruedas a los lados…