Roberto Segrov tiene una conversación con el escritor Cees Nooteboom.
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Cuando un trapecista salta, sólo espera caer. Precipitarse envuelto en llamas en tanto el mundo aplaude horrorizado. Este espacio de Roberto Segrov es un dedo que señala las chispas que se desprenden de esos cuerpos que bajan con la marea de los tiempos. Paracaidistas y funambulistas, y poetas tienen sus cuartos en este hotel del fin del mundo.