Escribiendo Cine, Juan Guillermo Ramírez

Por una gestualidad sublime o simples miradas de complicidad aparente

Adiós a mi concubina marca un camino conformado por las llaves de una interpretación en esta ópera de la fidelidad, que revela ser un festival a la traición. A través de la permanencia del rito operático, se levanta una China eterna que parece sobrevivir bajo las máscaras pasajeras del poder que se sucede: señores de la guerra, militares nipones, pontífices republicanos o agitadores maoístas

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Escribiendo Cine, Juan Guillermo Ramírez

Mariano Llinás o el arte de narrar

Creo que por aquí pasa la propuesta de Llinás: devolver a un cine que agotó sus posibilidades narrativas y apuesta a la descripción como principal recurso, la posibilidad de contar historias, así sea al precio de escamotearles el último acto, para restituir al espectador –aunque sea por un rato- el goce primigenio de mirar y sorprenderse. En este sentido, su máquina desaforada de narrar no está muy lejos del David Lynch y de David Cronenberg.

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Escribiendo Cine, Juan Guillermo Ramírez

Eliseo Diego: El cine y yo

La luz incierta del crepúsculo, la atmósfera en la que todo es y no es, empieza y no termina, se insinúa y se equivoca, como si se moviera en un límite fluctuante, en una linde imprecisable que confunde el origen y el final de las cosas, implicando a la vez el tiempo y el espacio, es la luz natural en que hallan sitio la mayoría de las motivaciones de Eliseo Diego, y de sus ideas sobre la creación.

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Escribiendo Cine, Juan Guillermo Ramírez

Ernst Lubitsch: el toque mágico de la sugerencia

El estilo Lubitsch se forjó en los estimulantes años del mundo. Él y su coguionista de ésta época, Hans Kraly, llegaron más lejos que nadie en el sofisticado arte de contar sin palabras, y cuando el sonoro llegó Lubitsch fue el más astuto de todos. Lejos de hundirse, como ocurrió con Griffith, Keaton, Stroheim y tatos otros, tampoco adoptó el arrogante desafío de Chaplin de ignorar el sonido. Lubitsch no solo conservó y desarrolló todo lo aprendido en los años silenciosos, sino que llevó el arte del diálogo a las más altas cuotas de sofisticación, y entendió de inmediato la importancia de los ruidos –y la del silencio– en las películas sonoras.

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Escribiendo Cine, Juan Guillermo Ramírez

La infancia por fin recuperada

¿Qué interpretan los niños en el cine? ¿A sí mismos cambiando, dirigiéndose al abismo? Hollywood ha domesticado la infancia pero ella ha terminado por imponer sus desafíos. Igualarse con el adulto, sí, pero a nivel ya no de promesa de adulto, sino de eterno presente: siempre hay niños, portento incomprensible. Crecen, crecemos, pero algo permanece intocado, quieto, esperando. Eso son los niños en el cine: imagen que perdura en la etapa en que un ser humano es cambio puro.

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Escribiendo Cine, Juan Guillermo Ramírez

Los perdedores cuando ganan pierden

Por: Juan Guillermo Ramírez en Escribiendo Cine:

Ante la muerte la actitud del perdedor en el cine negro de gángsters es diametralmente opuesta a la adoptada por el de vaqueros, por el vaquero o por el detective privado. En el cine estadounidense de la segunda y tercera generación de posguerra, subyace toda una filosofía del outsider a medida que sus personajes se van haciendo más y más infelices, más desgraciados. La muerte de Phill en Destino fatal de Robert Aldrich, es una de las muertes más dignas, más morales que nos ha ofrecido el cine estadounidense.

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Escribiendo Cine, Juan Guillermo Ramírez

Personaje principal: el periodista

Esta idea de las constantes en el tratamiento cinematográfico del periodista o de la prensa considerada como “el cuarto poder”, viene propiciada por el mismo cine que contempla e involucra a esta figura. Por regla general, la aparición de un periodista en una película tiene consecuencias argumentales. Un personaje secundario asume en toda narración un papel. Quizá no tenga una actuación notable pero lleva esta notabilidad en el nivel de los actores y fundamentalmente, de la actuación.

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Escribiendo Cine, Juan Guillermo Ramírez

Charles Bukowski: la acrobacia literaria de un alcohólico

Resulta así una de las claves de la conmoción de la obra de Bukowski: la capacidad de transmitir al lector un cinismo ante las circunstancias adversas, cogiendo lo inalcanzable: Las camareras llevaban unos vestidos cortos de color rojo que enseñaban sus bragas blancas de encaje. Los escotes eran muy bajos para mostrar los senos. Odiaban a los hombres, vivían con sus madres y hermanos y estaban enamoradas de sus psiquiatras.

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Escribiendo Cine, Juan Guillermo Ramírez

La muerte rondó a Maigret

Maigret no llevaba casi nunca pistola o revólver. Su única arma era el pensamiento, la reflexión o la razón, siempre deducía con razonamiento lógico. Su gran secreto era el de saber encontrar los sentimientos, los pensamientos del hombre que ha cometido un crimen. Pensaba como el criminal y a partir de allí comenzaba a cambiar […]

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