Colombia, Opinión

Desprecio por la vida y un casco

Un texto para todos los que pedalean:

«Pues sabe usted, compañero ciclista, que ni el más rotundo de los fracasos duele tanto como ascender una cuesta considerablemente inclinada durante kilómetros y kilómetros. Sabe usted que ningún despecho es tan intenso como escalar el Alto de Minas un día soleado.»

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Cuento

Un poeta muerto dentro de mí

«Todos tenemos algo muerto. Yo por ejemplo, tengo un poeta muerto dentro de mí.»

En menos de doscientas palabras, en un limbo entre la poesía y la narración, Kelly Echeverry logra atrapar un sinnúmero de sentimientos.

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Colombia, Opinión

La locura de Tinder

«No tengo idea de cuántos perfiles he visto, pero en cierta forma siento que ya he visto a toda la humanidad. Obviamente estoy lejos de siquiera haber visto a un porcentaje significativo de mi ciudad de 2,5 millones de personas (por ahí unas 1,3 millones de mujeres), pero pensar que he pasado y evaluado a más mujeres de las con que, probablemente, llegue a interactuar en el resto de mi vida es suficiente para hacerme sentir hastío.»

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Cuento

Tres cuentos cortos de Juan de Dios Diosa

Relatos de diario, de lo cotidiano, que le devuelven el sentido a lo simple.
«Regulando: primero me aseguro que la uña del dedo gordo apriete el pelo entre la yema del dedo índice, lo tengo, tiro, ¡de una!, si estoy de buenas el pelo sale, sino, arde la nariz de gratis. Puedo utilizar un depilador, frente al espejo, llenar sacos con células.»

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Antoine Skuld

Lienzos de maestros clasificados «X»

El barrio de Saint-Pauli es para Hamburgo lo que la Red Light District es para Amsterdam. Es la zona de todos los placeres. Un supermercado en donde las niñas, pero también los niños, se venden detrás de una vitrina como las cadenas, las vestimentas de cuero, los videos pornográficos y los innumerables locales ‘sex-shops’.

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Cuento

Las mujeres de adentro

Relato de Luis Miguel Rivas.

«Tengo un papelito, un pedazo de hoja cuadriculada marcado con la fecha del 4 de junio del 2015 […]. Me lo entregó Adriana personalmente, como un mensaje lanzado en una botella. Una petición de amistad muy distinta a las del Facebook, la urgencia de una comunicación que durara más que la corta visita de uno de tantos grupos que habrán pasado por la cárcel El borbollón como generosas compañías momentáneas o como simples turistas del dolor.»

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